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sábado, 7 de noviembre de 2009

CINE FÓRUM

LA BUTACA DEL MURCIÉLAGO

PULP FICTION

05/11/2009

LA PELÍCULA

Humor sobre violencia y crimen. En la sala se oían las risas por encima de los aspavientos de horror. ¿Podemos reírnos cuando un disparo levanta la tapa de los sesos a un muchacho? Sí, podemos. ¿Debemos reírnos cuando dos sicarios cosen a balazos a un muchacho? Sí, debemos. Porque lo hacemos en el contexto idóneo para ello: la ficción. Pulp Fiction es una historia plagada de bárbaras hipérboles, de enormes distorsiones, como los chistes, como gran parte de los cómics. Pero es, antes que nada, ficción. La comicidad resulta generalmente de lo inesperado y lo chocante. Sin ir más lejos: dos asesinos a sueldo que filosofan resultan de lo más gracioso. Porque el asesinato a sangre fría parece lo más alejado de la reflexión y la moral.

Se cruzan tres historias en Pulp Fiction. La de Jules, con la que se inicia y termina la película, la de Vincent y la de Butch. Todas tienen en común elementos de contenido y forma. Las tres transcurren en un mismo marco temporal (desde la mañana del primer día a la mañana del tercero). En las tres, los protagonistas pertenecen al mundo del crimen “organizado”. Y Marsellus Wallace, el gran capo, como un dios protector del mal, sirve de nexo a las tres. En todas hay un pulso ciego con la casualidad y la fatalidad.

LIBERACIÓN

En la primera historia contemplamos la redención de Jules, el implacable asesino que ve la luz cuando de forma inexplicable queda a salvo de una muerte segura. Convencido de que ha salido ileso de una ráfaga de disparos gracias a la intervención divina, decide dar un giro a su vida y abandonar el mal camino. En adelante, dice, vagará por el mundo con lo puesto hasta encontrar el sitio que Dios disponga para él. El más crítico y reflexivo de los personajes ha dado con la clave de su libertad.

FIDELIDAD

En la segunda contemplamos el sentido de la fidelidad de Vincent. Fidelidad con fundamento en el miedo al gran jefe. Juega peligrosamente, cuando por mandato de Marsellus sale de noche con su esposa a fin de entretenerla. Vincent y Mia son los personajes más sumisos de la película. Jóvenes y atractivos, pero vendidos a la buena mala vida de que disfrutan bajo el cobijo del mafioso. Así pues, el solo indicio de una posible traición amorosa les costaría, creen, la vida. Obedecen a un mundo delictivamente confortable, pero la muerte en forma de padre protector los acecha. Por eso los narcóticos, una y otra vez. Para vivir una vida verdadera dentro de la falsa. Al final, el oficio y la fidelidad darán muerte a Vincent.

HONRA

En la tercera acompañamos a Butch, tierno y bruto, pieza de cambio del pugilato mercantil, en la venganza de su honor y dignidad. El títere que con arrojo mueve por una vez los hilos del amo. El ladrón que roba al ladrón. El hombre que muerde la rabia bajo el peso de los dólares para llegar a poseerlos. Le acompañamos en su delito contra el delincuente hasta la gran paradoja: al vengar el honor de aquel a quien habría querido matar, sella un pacto de paz.

EL COLOQUIO

Nuestro corresponsal, el murciélago, sobrevoló la sala de cine con inquietud. Quería orientación, pero chocaba una y otra vez con las paredes. Sólo a veces su vuelo fue fluido. El murciélago sabía que esa tarde noche había mucho que escuchar, porque había mucho que decir. Pero veía, con sus diminutos ojos, que en el tintero se iban quedando los análisis posibles, el deleitoso desgranar por descubrir, que es lo que el quiróptero entiende como aprendizaje de verdad. El murciélago tiene un oído tan fino que cualquier ruido desorienta su improvisado rumbo.

Los participantes en el coloquio acertamos a hablar, pero no a escuchar, y nos perdíamos saltando por las ramas, entrando en selvas que nos alejaban de la sustancia de las cosas. Nadie oía el ahogado quejido del murciélago.

Pero todos sabemos que es animal de escasa visión. Sus sentidos se orientan en lo oscuro, por eso es justo pensar que es pesimista.

Y que, en fin, el desconcierto en su caso es transitorio. Con sus alas seguirá aplaudiendo a los que ven, escuchan y descubren las verdades de los cuentos.

sábado, 21 de marzo de 2009

CINE FÓRUM

LA BUTACA DEL MURCIÉLAGO

WALL-E O EL MURO ELECTRÓNICO

19/03/2009

Una vez más, a través del cine, se oye un mensaje en la sala contra la monotonía de la uniformidad. Se nos vuelve a invitar a desviarnos del camino trazado. Se nos invita a vestirnos de rojo cuando lo que está mandado es vestirse de azul. Un clamor contra la ciega obediencia. Un nuevo aviso de alarma por este mundo que matamos, en el que vivimos. A través de la pantalla se cuestionan las pantallas.
Podemos plantearnos qué hacer con la basura y/o plantearnos por qué hacer basura. El pequeño robot empacador de residuos sabe qué hacer con la basura: artísticas torres, altas como rascacielos; o colección de juguetes. Nosotros sabemos que hay que hacer basura porque la producción de basura es la base del sistema económico de los países ricos. Basura en cacharrería por la que pagamos ingentes sumas de dinero y energía, y basura mental de complacientes distracciones por las que también pagamos un precio muy elevado.
En el mundo feliz de la nave Axiom una miríada de autómatas está entregada al cuidado de los seres humanos, que conforman la sociedad del sin-esfuerzo, el letargo, la falta de curiosidad, el consumo conformista, la cháchara tópica. Es la sociedad del súper-bienestar. La tecnología ha alcanzado un desarrollo tal que todas las tareas onerosas recaen en máquinas. Los hombres no tienen nada que hacer, salvo dejarse hacer para seguir haciendo la misma nada que setecientos años atrás. La vida de los humanos de la Axiom es vacación perpetua, perenne estado embrionario.

No hay dolor en la Axiom. Acaso por eso no hay placer. No hay trabajo ni castigo, tampoco humor ni diversión. Sólo una ley que obedecer: sé feliz. Pero no puede haber felicidad si es por obligación: feliz y forzoso son términos que se excluyen.
El pequeño robot empacador ocupa el escalafón más bajo en la jerarquía de los autómatas. Su oficio es el menos valorado: ¿quién querría ser empacador de basura –si nos dieran a elegir- pudiendo ser cualquier otra cosa? Sin embargo, es su condición lo que le ha garantizado la supervivencia en la Tierra, el reino de la basura. Y entretanto ha desarrollado además algunas habilidades humanas que por contra han perdido los humanos que orbitan por el espacio. El robot hace lo que hacen los niños: imita y juega, y nunca toma el mismo camino, aunque repita mil veces ¿el mismo movimiento? Hace lo que los humanos: se enamora. Sus manos de metal buscan las manos de metal amadas.
Es como una varita mágica sucia y tosca, pero no por eso menos eficaz. Por dondequiera que pase transformará todo aquello con lo que tropiece. Cualquiera que entre en contacto con él despierta de su abotargamiento e insensibilidad. Y todo lo que florece a su paso pasa por ese trance sin que él lo pretenda siquiera.
El viaje del pequeño robot cúbico es un viaje romántico. El amor es el motor de la aventura.
Y una vez más seguimos la historia del pez chico que se come al grande. El mundo al revés. Un sueño que se repite desde el comienzo de la Historia. El salvador, ahora transfigurado en robot eremita humanizado, contra el deshumanizado Imperio del Consumo: Buy-N-Large. ¿Serán las Empresas los verdaderos Estados?
En cambio los hombres ya no saben caminar solos. Han sido alienados por la idea de felicidad que una marca ha sabido vender. Poder absoluto de BnL. Pero la dificultad, el escollo, hace acto de presencia en la cabina de mando de la Axiom. El capitán -y con él la Humanidad- tiene que ponerse en pie con sumo esfuerzo, volver a dar sus primeros pasos, como el primate de Odisea 2001.
El desarrollo tecnológico ha conducido a los seres humanos a un proceso de regresión. Un muro electrónico y virtual los aísla a unos de otros. Gracias a la existencia de un rudimentario robot y un retoño de planta, los adultos-bebés pueden abandonar el piloto automático de sus vidas y luchar contra la esclavitud de la dependencia de un superior. Quizá no haya otra oportunidad. Renacer o morir.
Si uno todavía es niño querrá ver una y otra vez la tierna historia animada de Wall-e, aunque no sepa por qué. Si uno ya no es tan niño se quedará pensando aquello de lo que nos advierte Wall-e.
El de la Axiom fue un viaje con retorno. ¿Qué clase de viaje es el nuestro?

domingo, 7 de diciembre de 2008

La canción del Capitán Vidal

En la película "El Laberinto del Fauno" el Capitán Vidal siempre escucha la misma canción al afeitarse. En la película no llega a escucharse la letra (el tono humorístico de la canción hubiera destrozado el dramatismo de la escena), pero la música que suena al comenzar la canción es inconfundible. Se trata de "Soy un pobre presidiario", escrita por Daniel Montorio para el cantante Angelillo, e interpretada por este último en la película "La hija de Juan Simón" en la versión de 1935, y por Antonio Molina (no confundir con Miguel de Molina) en la versión de 1957.

Se trata de una curiosa elección musical para un fascista como Vidal, especialmente si se tiene en cuenta que Angelillo marchó al exilio a Argentina en 1937. Las razones del exilio del cantante no están claras, pero se supone que su relación con la presuntamente izquierdista productora Filmófono (competidora de Cifesa, que mas tarde formaría parte el aparato propagandístico de la ideología franquista) tuvieron algo que ver.

Angelillo había trabajado en dos de las películas de Filmófono. Una de ellas es la ya
mencionada "La hija de Juan Simón" (1935), junto a Carmen Amaya (quien también abandonó España durante la Guerra Civil) y bajo las órdenes de Luis Buñuel (que también abandonó España, aunque en su caso no hay ninguna duda sobre sus relaciones con el aparato propagandista del gobierno republicano).



La otra película, también de 1935, es "¡Centinela, Alerta!", junto a Ana María Muñoz Custodio (también abandonó España durante la Guerra Civil), y también bajo las órdenes de Luis Buñuel.
Parece ser que Buñuel no quería aparecer en los títulos de crédito de estas producciónes, al considerarlas de baja calidad. Dicen las malas lenguas que se trataba de productos meramente comerciales a la vez que propagandísticos, creados para buscar un acercamiento entre la cultura popular española y el ideario del gobierno republicano

Si Filmófono había trabajado para la propaganda de la república, Cifesa lo hizo para el Franquismo, y en 1957 lanzó a los cines su versión (convenientemente actualizada según el régimen político del momento) de "La hija de Juan Simón".

En esta nueva versión Angelillo era sustituido por Antonio Molina.




La canción, que nunca fue muy seria (admitámoslo) fue remozada años mas tarde por Rafael de León y terminó siendo interpretada por Manolo Escobar en la comedia "Cuando los niños vienen de Marsella". Puro divertimento para la época.

¡Que no cunda el pánico! No he encontrado la grabación de esta versión, solo la letra:


Mira que es desgracia
que me vea yo aquí
por tener tan tierno
el garlochí.
Quise ser tan grande
como Napoléon
pero no he pasao
de gorrión.
Quise dar un salto
y a la luna subir,
y gritar: "Aquí estoy yo,
se acabó,
esto es pa mí.
Pero he pinchao en hueso,
maldita sea el queso,
y aquí me encuentro preso
por ser un gilí.

Estribillo:
Soy un pobre presidiario,
soy un triste pajarillo
que soñaba con volar.
Soy un hombre fracasao
y mi sueño se ha quedao
convertío en na de na.
Ahora veo que es fetén
lo que dijo Calderón.
Este mundo es muy pequeño,
en la vida todo es sueño,
y los sueños sueños son.

Estribillo.

Dentro de la trena
yo no sé lo que hacer.
Tengo la cabeza del revés.
Sobre mi petate
me recuesto a pensar
y termino loco de cavilar.
Yo soy el culpable
de esta esaborición
que te separó de mí
y que fue
mi perdición.
Recuerdo con ternura
tu amor y tu hermosura
que alumbran la negrura
de mi corazón.

Estribillo.

Si esto se ha perdío,
no ha pasao na.
Si esta no ha salío,
otra vez saldrá.
Yo estoy convencío
que saldré, y otra vez
vuelta a empezar.


En 1990 nos encontramos una nueva versión ejecutada (mas bien fusilada) por José Coronado (el señor de los yogures que son buenos para... ya saben) en la película "Yo soy esa". Afortunadamente el resto de las canciones son interpretadas bastante dignamente por Isabel Pantoja. Película solo apta para los fans de la tonadillera.

Sinceramente: podrían haber suprimido la escena en la que canta José Coronado. Es como una de esas imágenes que desearías olvidar y que no se te van de la cabeza.


Y, como cada época ha tenido su versión, este post estaría incompleto sin hacer referencia a la magnífica parodia realizada por Cruz y Raya:




martes, 2 de diciembre de 2008

Encrucijadas

Como en cada ocasión en la que realizamos una sesión de cine fórum, un murciélago muy peculiar nos deja su opinión en el tablón del Nocturno. Nuestro anónimo murciélago suele sintetizar magistralmente las ideas más sugerentes que nacen del debate que hay tras la película; pero, sobre todo, nos invita a seguir meditando tras la película, tras el debate, sobre aquello que hemos visto, pensado, escuchado, compartido...

El escrito del anónimo murciélago es, además, valioso por sus opiniones sobre la enseñanza. A mí no se me ocurre mejor manera de inaugurar este blog que publicarlo:

ENCRUCIJADAS


Sobre las sesiones del Cine Fórum no es infrecuente que se pose un interrogante acerca de su utilidad. Hay quien piensa que acudir allí es sencillamente perder el tiempo. Las urgencias de nuestra cotidiana rutina imponen ese parecer. A fin de cuentas, ¿a qué va uno a un instituto, si no a obtener un título, que es lo que importa? Dicho de otro modo, ¿en qué puede contribuir el Cine Fórum a la adquisición del grado académico? Si todavía se pagara la participación con la moneda de la calificación numérica...

Los que allí acudimos sabemos que el Cine Fórum no es una actividad propiamente académica. Carece de la presión del examen y el rendimiento de cuentas. No hay necesidad de gendarme ni tentación de burlar vigilancias. Los asistentes se reúnen con la única intención de pensar juntos, de descubrir lo que los otros descubren, de ayudarse a mirar. Y para eso es imprescindible que nadie se sienta obligado a estar.
Nuestro Cine Fórum es una propuesta contra la rutina, y eso es algo que debemos poner al alcance de cualquiera: quien quiera que lo tome.

Ayer tarde nos dejamos llevar a y por El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro, película que, bajo apariencia de inocente cuento de hadas, encierra una exposición durísima de la realidad. Pudimos comprobar que es posible hacer muchas lecturas de una misma cosa. Y también que quedarse en el nivel de me gusta / no me gusta es contentarse con muy poco. Coincidimos en que Guillermo del Toro emplea dos lenguajes distintos: el descarnado del naturalismo (hubo quien consideró innecesaria tanta explicitud de brutatidad) y el fabuloso de lo fantástico (en general agradable a la vista y el oído por su eficacia estética). Así pues, lo primero que se pregunta el espectador es si se nos cuentan dos historias diferentes, y hasta cierto punto independientes, o es la misma narrada en términos opuestos y extremos. Y ardua es la labor de averiguarlo.

Hemos asistido a una guerra entre la fantasía y la realidad, la infancia y la adultez, los perdedores y los vencedores, los inocentes y los culpables, la libertad y la opresión.

Hemos visto cómo afrontan la misma adversidad distintos caracteres y hemos presenciado en qué medida el miedo a unos los hace valientes y a otros cobardes.

Hemos tenido la impresión de que detrás de los actos humanos hay siempre una historia profunda, y que esa historia está a menudo enterrada y olvidada, pero presente en ausencia.

Nos pusimos a jugar al juego de las interpretaciones. Como si ante nosotros tuviéramos un libro de hojas en blanco sobre el que aparecen por arte de magia múltiples opciones de lectura. Ofelia (ese nombre exótico y trágico) es la niña que será siempre niña porque la muerte real impedirá que crezca en el mundo de los hombres, impedirá que conozca el dolor y el sufrimiento. Ofelia será siempre inocente, sobre todo porque nunca consentirá que se derrame la sangre de ningún inocente a cambio de obtener los beneficios de su prosperidad personal. Ofelia será inmortal en la fantasía, junto con las demás criaturas del reino subterráneo que no conocen la vejez y el dolor.

Pero Ofelia no es sólo la niña que no será mujer, sino también la feminidad haciendo frente a la masculinidad. Y es acaso la idea de la libertad contra la tiranía del Poder. Porque la historia nos habla de una España que hubo. Una España rota y dominada por la fatiga, el dolor y el miedo. Una España que se echa al monte, que penetra en sus entrañas. Una España de alguaciles y violencia. Una España oscura. Cuando, tras casi dos horas de cinta, sentimos toda la amargura del desenlace, una última escena nos deja un poso de luz: una flor blanca floreciendo en un tronco seco. Para quien sepa a dónde mirar.